¿Cómo es por fuera el templo visigótico de San Pedro de la Nave? Vamos a mirar con calma sus diversos elementos.
Autor: Javier Massó Piorno (V)
Exenta del casco urbano de El Campillo, la iglesia de San Pedro de la Nave se nos presenta como un edificio armonioso y proporcionado. Ya en su exterior se aprecia un juego de volúmenes que nos da pistas sobre su estructura. Esta se compone de dos tipos de plantas superpuestas la una a la otra: por un lado, planta de cruz griega con los brazos del crucero prolongados en dos pórticos; por otro, planta basilical de tres naves.
Mientras el interior apenas ha cambiado en los 1400 años de historia de la iglesia, el exterior ha ido sufriendo cambios que modificaron su aspecto, como por ejemplo la construcción de una espadaña gótica que actualmente se encuentra ubicada en el muro bajo que rodea la iglesia. La zona más íntegra de todo el conjunto es la que corresponde a los tres ábsides y los transeptos así como a la nave, tanto en su interior como en su exterior, hasta media altura. El resto del conjunto se ha ido reconstruyendo con el paso del tiempo y durante el traslado del edificio se optó por darle el aspecto que supuestamente había tenido en el momento de su construcción, diferenciando estas zonas con el uso de ladrillo.
La puerta de acceso actual es una reconstrucción de la que se supone que había en el mismo lugar y que fue condenada ya en tiempos antiguos para reforzar el hastial y así evitar las ruinas continuas. El modelo de reconstrucción es el de las puertas interiores de los pórticos laterales, es decir, un arco de descarga y un dintel en la parte inferior para soportar los quicios de la puerta y el relleno hasta el arco.
Las ventanas de las tres naves, sobre todo las de las laterales, ocupan la posición de las originales, con los mismos materiales, pero algo transformadas al ser reconstruidas en las ruinas sucesivas.
Los pórticos laterales, prolongación del transepto, son gemelos y poseen dos ventanillas a cada lado, siendo la ventana oeste del pórtico norte la única que conserva el parteluz de su ventana. El ábside central sobresale del resto de la construcción por calidad del material y técnica; es de planta cuadrada, al igual que los otros dos ábsides, característica que influirá en las construcciones romanas de esta zona.

El frontón sobre el ábside, que da la forma a dos aguas, es un añadido de tiempos medievales, dato que se sabe porque los sillares en su cara interior se encuentran solamente desbastados a diferencia de los interiores que están perfectamente acabados. El cimborrio que sobresale del crucero es una reconstrucción moderna, aunque es fácil suponer que ya existiese con una bóveda de crucería en su interior.
Al conjunto del edificio habría que añadir una habitación cuadrada, ubicada a los pies de la nave central, de la que únicamente quedan los cimientos sobre el solar primitivo.
Autor: Javier Massó Piorno (V)
Exenta del casco urbano de El Campillo, la iglesia de San Pedro de la Nave se nos presenta como un edificio armonioso y proporcionado. Ya en su exterior se aprecia un juego de volúmenes que nos da pistas sobre su estructura. Esta se compone de dos tipos de plantas superpuestas la una a la otra: por un lado, planta de cruz griega con los brazos del crucero prolongados en dos pórticos; por otro, planta basilical de tres naves.Mientras el interior apenas ha cambiado en los 1400 años de historia de la iglesia, el exterior ha ido sufriendo cambios que modificaron su aspecto, como por ejemplo la construcción de una espadaña gótica que actualmente se encuentra ubicada en el muro bajo que rodea la iglesia. La zona más íntegra de todo el conjunto es la que corresponde a los tres ábsides y los transeptos así como a la nave, tanto en su interior como en su exterior, hasta media altura. El resto del conjunto se ha ido reconstruyendo con el paso del tiempo y durante el traslado del edificio se optó por darle el aspecto que supuestamente había tenido en el momento de su construcción, diferenciando estas zonas con el uso de ladrillo.
La puerta de acceso actual es una reconstrucción de la que se supone que había en el mismo lugar y que fue condenada ya en tiempos antiguos para reforzar el hastial y así evitar las ruinas continuas. El modelo de reconstrucción es el de las puertas interiores de los pórticos laterales, es decir, un arco de descarga y un dintel en la parte inferior para soportar los quicios de la puerta y el relleno hasta el arco.
Las ventanas de las tres naves, sobre todo las de las laterales, ocupan la posición de las originales, con los mismos materiales, pero algo transformadas al ser reconstruidas en las ruinas sucesivas.
Los pórticos laterales, prolongación del transepto, son gemelos y poseen dos ventanillas a cada lado, siendo la ventana oeste del pórtico norte la única que conserva el parteluz de su ventana. El ábside central sobresale del resto de la construcción por calidad del material y técnica; es de planta cuadrada, al igual que los otros dos ábsides, característica que influirá en las construcciones romanas de esta zona.

El frontón sobre el ábside, que da la forma a dos aguas, es un añadido de tiempos medievales, dato que se sabe porque los sillares en su cara interior se encuentran solamente desbastados a diferencia de los interiores que están perfectamente acabados. El cimborrio que sobresale del crucero es una reconstrucción moderna, aunque es fácil suponer que ya existiese con una bóveda de crucería en su interior.
Al conjunto del edificio habría que añadir una habitación cuadrada, ubicada a los pies de la nave central, de la que únicamente quedan los cimientos sobre el solar primitivo.
Los materiales de la iglesia son más ricos cuanto más nos aproximamos a la cabecera. Este hecho se ve reforzado porque las reconstrucciones de las tres naves de los pies se fueron realizando con materiales más pobres como la pizarra y con los desechos de las ruinas anteriores, como se puede ver en la pared sur de la nave lateral cerca del alero, donde un resto de un friso de la época visigoda fue recolocado tras alguna de las ruinas.

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